Aunque todo el mundo espera que todos los niños puedan tener lo mejor durante su crecimiento, no es siempre así. No son pocos los que se encuentran problemas durante el camino a los que tienen que hacer frente, en algunas ocasiones, antes incluso de ser capaces de entender qué es lo que sucede.
Hay veces que esto tiene como consecuencia el abandono escolar, que no debe confundirse con el fracaso escolar. En este último caso, el alumno no es capaz o no tiene interés, en definitiva, no consigue cumplir los objetivos del curso escolar, pero sí que acude regularmente al centro escolar; en el abandono escolar el alumno se desentiende de sus estudios y deja de asistir al centro antes de cumplir la edad mínima de finalización de sus estudios.
En esta situación, son muchos los elementos que intervienen y que hay que tener en cuenta para poder entender cómo se ha llegado a esto, que es el resultado de un proceso donde intervienen factores escolares, individuales y familiares, así como otros que tienen relación con el contexto de cada alumno, también con la situación que vive en la escuela.
Es un problema que es importante tener presente y desde los centros están muy pendientes de todas las señales que puedan ser signos de alerta, como las faltas reiteradas a clase, las dificultades durante las clases o problemas de convivencia. Una gran parte de las medidas que se toman en estos casos están pensadas para prever y detectar estos casos y tratar de evitar que ese abandono llegue a producirse. Esto es algo mucho más frecuente de lo que pensamos y ni España ni la Unión Europea están exentas de casos de abandono escolar.
El centro de análisis Funcas hizo públicos los datos de abandono escolar en la Unión Europea a finales de 2024, cifras obtenidas a partir de la encuesta de población activa del INE. Aquí se ponía de manifiesto que, en España, la tasa de abandono escolar era del 13%, un dato preocupante que coloca a nuestro país el segundo de la lista, solo por debajo de Rumanía. La tasa media de abandono escolar en Europa es del 9,5%.
A pesar de tratarse de datos poco favorables, merece la pena señalar que hay espacio para una pequeña alegría, pues son mejores que los obtenidos en 2023, en ese año la tasa de abandono fue de un 13,7%, frente al 13,2% del 2024. En el largo plazo, esta alegría es aún mayor porque comparando con datos de hace veinte años el dato se ha reducido notablemente, de hecho en 2002, se hablaba de un 30,9% de abandonos.
Desde Funcas revelan que los principales factores que influyen en el abandono pueden ser las “circunstancias familiares complicadas, dificultades económicas y la percepción de falta de utilidad en la educación”. Todavía queda mucho camino por recorrer en este aspecto, pero parece que la tendencia descendente de esta cifra puede ser una buena señal de que las cosas que se están haciendo para evitar el abandono escolar avanzan en la buena dirección.