Mitos

"Los rayos nunca caen dos veces en el mismo lugar": un dato científico que contradice el viejo dicho

Este mito nació cómo una metáfora sobre la improbabilidad
Este mito nació cómo una metáfora sobre la improbabilidad. Pixabay
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Madrid“Un rayo nunca cae dos veces en el mismo lugar” es una frase muy utilizada para hablar de sucesos improbables o de coincidencias únicas que difícilmente se repiten. Pero, cuando la ciencia analiza este fenómeno, la conclusión es rotunda: es un mito.

Los rayos no solo pueden caer dos veces en un mismo sitio, sino que es relativamente frecuente que lo hagan en puntos concretos. De hecho, existen lugares del planeta que reciben impactos que se repiten habitualmente. Entonces, ¿por qué seguimos repitiendo esta idea? ¿Qué dice la ciencia sobre el comportamiento de los rayos?

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Un fenómeno más frecuente de lo que parece

Para entender por qué este mito no se sostiene, hay que empezar por una cifra clave: en todo el planeta hay miles de tormentas activas en todo momento, lo que genera millones de descargas eléctricas al día. Los estudios científicos estiman que decenas de rayos impactan la superficie terrestre cada segundo, lo que se traduce en cientos de millones al año.

Con un volumen semejante de descargas, pensar que cada rayo cae en un lugar completamente diferente es una fantasía. De hecho, los científicos señalan que, estadísticamente, es prácticamente imposible que no haya puntos que reciban múltiples impactos.

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¿Por qué algunos lugares atraen más rayos?

El comportamiento de los rayos no es completamente aleatorio. Aunque puedan parecer impredecibles, siguen ciertas reglas físicas. Los rayos buscan el camino de menor resistencia eléctrica entre la nube y el suelo. Esto hace que ciertos lugares tengan más probabilidades de ser alcanzados.

Por ejemplo, puntos elevados como rascacielos o montañas, estructuras metálicas o zonas con determinadas características geográficas son más propensos a recibir impactos repetidos. Los científicos incluso han identificado lo que llaman “puntos de rayos recurrentes”, donde las descargas se repiten año tras año.

El Empire State Building de Nueva York recibe una media de unas 25 descargas al año y el Cristo Redentor de Río de Janeiro, también es alcanzado regularmente por su altura y ubicación. También, el área del lago de Maracaibo, en Venezuela, es conocida por su altísima actividad eléctrica, con tormentas casi diarias durante gran parte del año.

Por otro lado, si este mito fuera cierto, los pararrayos no tendrían sentido. Sin embargo, estos dispositivos existen precisamente para lo contrario: atraer los rayos hacia un punto concreto y seguro. El objetivo de un pararrayos es que las descargas caigan siempre en el mismo lugar controlado, evitando daños en estructuras cercanas.

Esto demuestra de manera muy clara que los rayos pueden, y deben, impactar repetidamente en el mismo punto.

¿Qué ocurre dentro de una tormenta?

Para entender por qué un rayo puede caer varias veces en el mismo sitio, es necesario mirar dentro de una tormenta. Aunque desde el suelo parezcan fenómenos caóticos, las tormentas eléctricas siguen procesos físicos muy concretos.

En el interior de una nube de tormenta se produce una intensa separación de cargas eléctricas. Las partículas de hielo, gotas de agua y corrientes de aire chocan entre sí, generando electricidad estática. Como resultado, la parte superior de la nube suele cargarse positivamente, mientras que la parte inferior acumula carga negativa. Esta diferencia crea un campo eléctrico muy potente entre la nube y la superficie terrestre.

Cuando este campo alcanza un nivel crítico, se inicia el proceso del rayo. Primero aparece lo que se conoce como “líder escalonado”, una descarga inicial invisible que desciende desde la nube en forma de ramificaciones. Este rayo busca el camino de menor resistencia hacia el suelo. Al mismo tiempo, desde la superficie pueden surgir pequeñas descargas ascendentes, sobre todo desde objetos elevados como árboles, edificios o antenas.

Cuando ambos caminos se encuentran, se produce la descarga principal: el rayo visible. Sin embargo, lo que muchas veces pasa desapercibido es que este proceso puede repetirse varias veces en fracciones de segundo. De hecho, un mismo rayo puede estar compuesto por múltiples descargas que siguen el mismo canal eléctrico.

Asimismo, ese canal ionizado puede mantenerse activo durante un breve periodo. Esto facilita que nuevas descargas utilicen la misma trayectoria o una muy similar. Por eso, durante una misma tormenta, es relativamente común que varios rayos impacten en zonas cercanas o incluso en el mismo punto.

Este comportamiento explica por qué los rayos no son completamente aleatorios: tienden a concentrarse en áreas donde las condiciones eléctricas y geográficas son más favorables.

¿Por qué nació este mito?

En realidad, esta frase nació como una metáfora. Se utilizaba para expresar que ciertos sucesos eran muy improbables o excepcionales, no para describir literalmente el comportamiento de los rayos. Con el tiempo, esta idea se fue repitiendo hasta que muchos empezaron a interpretarla como un hecho real.

Otro factor importante es la percepción humana del riesgo y la probabilidad. Aunque caen millones de rayos cada día en todo el mundo, para una persona concreta la probabilidad de ser alcanzada es muy baja. Esto puede generar la sensación de que es un evento único e irrepetible, reforzando esta creencia popular.