A nadie le avergüenza contar que ha ido al dentista para que empastase una caries, ni tampoco que tiene un catarro y el médico le ha recetado un jarabe para la tos. No titubeamos al compartir lo incómodo que es abrirse de piernas en un ginecólogo, o las dioptrías que hemos perdido tras la cita anual con nuestro oftalmólogo. Sin embargo, cuando la salud mental entra en juego, nos sentimos tremendamente cohibidos.
Aunque el aura de misticismo que rodea a los trastornos mentales ha cambiado mucho en las últimas décadas, todavía hay lugares y entornos en los que no están bien vistos. Es por ello que quienes los sufren, a menudo prefieren vivirlos en silencio.
Si hay algo que está claro es que debemos desestigmatizar la salud mental, y la única forma de conseguirlo es hablando de ella, pero siempre respetando nuestros límites y privacidad. En otras palabras, no debes forzarte a contar aquellos aspectos de tu vida que quieres mantener en la más estricta intimidad, pero sí es recomendable reflexionar sobre por qué ocultas tu sufrimiento psicológico.
¿Es por que eres reservado? En ese caso, tampoco contarás cuando vas al médico, al dentista o al fisioterapeuta, por poner varios ejemplos. ¿O en realidad es porque una parte de ti teme sentirse juzgada? Si ese es el caso, no debes culparte por ello. Desde que somos pequeños, la sociedad nos mete en la cabeza una idea de los trastornos mentales que nada tiene que ver con la realidad.
No, las personas que padecen trastornos mentales no son agresivas. En realidad, hay más posibilidades de que se hagan daño a ellas mismas a que hieran a los demás. No, tampoco son “raras” ni “excéntricas”, al menos no más que tú o que yo. En realidad, un trastorno mental solo es una etiqueta que no define quienes somos ni lo que podemos hacer.
No podemos negar la realidad. Es posible que al contar que padeces un trastorno mental, alguien te juzgue. Pero sucede lo mismo al hablar sobre nuestra ideología política, nuestro trabajo o nuestros gustos musicales. Siempre hay personas que aprovechan la mínima ocasión para atacar a los demás.
Aunque esto que acabamos de decir parezca desolador, no debes venirte abajo. Cada día aprendemos más sobre salud mental, y poco a poco la sociedad se va sensibilizando. Por cada persona que te juzgue, habrá otras diez que apoyen o te admiren.
Por otro lado, las primeras veces que hables abiertamente sobre tu trastorno mental sentirás un poco de miedo. Es normal. Se trata de un paso muy importante, pero una vez empieces a hablar esos nervios desaparecerán, y cada vez que cuentes a alguien tu situación te sentirás un poco más cómodo.
Además, al compartir esta parte de ti con la gente que te rodea, también será más fácil que te entiendan cuando estés pasando por un mal momento. El apoyo social puede ser más enriquecedor, y también ayudarás a eliminar los tabúes y falsas creencias que existen sobre la salud mental.
Dicho esto, la decisión de contar que padeces un trastorno mental es solo tuya.