La LGTBIfobia en el deporte: "Se ha intentado crear un enemigo en las personas trans e intersexuales"

La LGTBIfobia en el deporte

Todos los 19 de febrero, desde 1998, se celebra el Día Internacional contra la Homofobia en el Fútbol. Y no es una efeméride elegida al azar. Conmemora el nacimiento de Justin Fashanu, el primer futbolista que se declaró públicamente homosexual. Su caso dio la vuelta al mundo porque, cuando decidió hablar sin tapujos sobre su orientación sexual, se enfrentó a la discriminación sistemática tanto por parte de sus propios compañeros de equipo como por los aficionados o la prensa amarillista. Todo ello, sumado a una acusación de violación que fue desestimada, le llevaron al suicidio pocos meses después.

27 años después de aquello, por desgracia, la LGTBIfobia en el deporte sigue más presente que nunca. Y, como bien destaca la Agrupación Deportiva Ibérica LGTBI+, ADI, nadie se libra de este tipo de discriminación, aunque no forme parte de un colectivo que hoy incluye a las personas lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales. “El 66% de la población ha sufrido LGTBifobia en el deporte. Esto no quiere decir que hay que ser del colectivo para sufrir este odio: a los chicos que no les gusta el fútbol se les etiqueta como gays, a las chicas que les gustan el fútbol se les insulta como marimachos…”, explican . Y lo pero de todo es que, lamentablemente, todos estos insultos y vejaciones comienzan en la etapa más vulnerable: la adolescencia.

“El 46% de la LGTBIfobia en el deporte se da en la adolescencia. La LGTBIfobia que sufren las personas adolescentes es el principal causante de depresión, ansiedad, problemas de disforia con su propio cuerpo, aceptación de sí mismas y otros problemas emocionales como el suicidio”. Un lugar seguro como debería ser el deporte se acaba convirtiendo en un campo eminentemente masculinizado que rechaza a toda aquella persona que se salga de los cánones previamente establecidos por la sociedad. Todo ello empuja a que muchos y muchas personas acaben abandonando el deporte, y sobre todo, a que las personas del colectivo tengan miedo a hablar públicamente sobre su orientación sexual.

La LGTBIfobia que sufren las personas adolescentes es el principal causante de depresión, ansiedad, problemas de disforia con su propio cuerpo, aceptación de sí mismas y otros problemas emocionales como el suicidio

En nuestra Liga no se conoce ni un solo caso de un jugador en activo de Primera División que haya dado un paso hacia delante y haya hablado públicamente sobre ello. Tenemos el precedente de Jesús Tobillero, árbitro que tuvo que retirarse tan solo un mes después de hacer pública su homosexualidad debido a las continuas vejaciones e insultos recibidos. “Tuve que dejar mi carrera por todos los insultos y delitos de odio que recibí. Recibí más de 1.500 amenazas de muerte por decir públicamente que era gay”, explicó en una entrevista para ElDiario. Pero, salvo su caso particular, nunca ha habido ningún jugador que haya usado su altavoz para “salir del armario”.

Esto no solo sucede en nuestro país. Las pocas veces que ha ocurrido, siempre se ha dado en jugadores que ya estaban retirados o inactivos. El primer caso de un jugador en activo que decidió ser visible fue el del futbolista australiano Josh Cavallo. “Hoy estoy listo para hablar acerca de algo personal. Finalmente me siento cómodo para hablar de ello en mi vida. Estoy orgulloso de anunciar públicamente que soy gay”. En España, lo más cercano que tuvimos fue aquella broma de mal gusto entre Carles Puyol e Iker Casillas, con este último tuiteando en modo de mofa un #soygay que levantó duras críticas contra el exportero del Real Madrid. Tuvo que acabar eliminando el tuit y además, afirmó haber sido hackeado.

El problema es que, incluso desde los jugadores más mediáticos, esté tan instaurado el insulto de “gay”, “maricón” o “marimacho” para hablar de alguien que no se ajusta a las necesidades sociales de lo que debe de ser un hombre masculino una mujer femenina. “Se han normalizado en el deporte este tipo de insultos a la persona que arbitra el partido, a la futbolista que falla un gol, etc…”, apuntan desde ADI. “Solo hace falta fijarse en las críticas que recibieron futbolistas heterosexuales como Borja Iglesias por el hecho de usar bolso o pintarse las uñas, actitudes que rompen con los mandatos sociales rígidos de lo que es ser un hombre, y que en el fondo no permiten a las personas manifestarse libremente”.

Pero el problema no es solo homofobia, sino una LGTBfobia que cada vez afecta más a otras personas del colectivo. Desde ADI lo tienen claro. “Creemos que desde los últimos años existe una discriminación persistente hacia personas intersexuales y trans en todas las disciplinas, debido a desinformación y estrategias políticas interesadas en fijar el foco de atención a crear un enemigo inexistente”, explican. “Por ejemplo, el Comité Olímpico Internacional se ha pronunciado en numerosas ocasiones para defender la inclusión de personas trans e intersex en cualquier disciplina, y este colectivo ni siquiera supone un porcentaje elevado de participación en ninguna competición”. ¿Y cuál es la solución más inmediata? Cumplir la ley, porque hay leyes que amparan estos casos y que protegen al colectivo:

- Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las

personas trans, recoge en el artículo 39 disposiciones específicas para proteger y garantizar la participación de personas trans en el deporte

- Ley 39/2022, de 30 de diciembre, del deporte, promover el deporte apostando por la igualdad y la no discriminación por ninguna razón social, orientación sexual, identidad y expresión de género

- Ley 15/2022, de 12 de julio, para la igualdad de trato y no discriminación que tiene el objetivo de que cualquier persona española tiene derecho a una igualdad de trato, de no ser discriminada y que hay que respetar la dignidad de las personas para cumplir con los artículos 9, 10 y 14 de la Constitución Española.

- Ley orgánica 11/2021, de 28 de diciembre, de lucha contra el dopaje en el deporte, que menciona que cualquier deportista debe de estar exento de cualquier práctica que implique obtener una ventaja física a través del consumo de sustancias artificiales. “Esto quiere decir”, como explica ADI, “que la FER no puede pedir a sus federadas que se regulen sus niveles de testosterona (como pasa en otros países) porque sería dopaje”.

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