Odio mi trabajo: 'pequeñas cosas' del día a día que te acaban quemando la sangre
Impresoras sin tinta, aires acondicionados... nos ponen de los nervios
Llegar de vacaciones y que te hayan cambiado el sitio irrita, y mucho
En España solo el 7% está plenamente satisfecho con su trabajo
Una impresora sin tinta que cuando por fin empieza a funcionar emite un ruido insoportable; una sala repleta de televisores a todo volumen; una oficina sin luz natural; una redacción en la que la luz del sol entra por la ventana para dar directamente en la pantalla del ordenador creando reflejos que hacen que la lectura se convierta en un infierno; una de esas que, sin ventilación adecuada, hacen que cada día una colección de olores ponga a prueba nuestra supervivencia; una de esas que en verano es un caldero pero incluso en invierno también requiere que el trabajador acuda en manga corta, ya sea porque el aire acondicionado pase más tiempo roto que funcionando o porque, sencillamente, no tenemos acceso a regularlo o se hace imposible un consenso entre los distintos trabajadores, porque, por su disposición en la sala, unos pasan mucho calor y, a la vez, otros mucho frío…
"Mi ordenador es una tostadora"
La lista de esas pequeñas cosas que nos terminan por sacar de quicio en el trabajo es interminable. Podríamos continuar, de hecho, hablando de esos ordenadores que bien podrían usarse a modo de tostadora, porque su fuerte es más sobrecalentarse que responder rápidamente a las demandas del usuario. O quizás de la red sobre la que funciona, con una velocidad de Internet digna de los 90. Porque, aunque se suponga lo contrario, a veces la tecnología decide volverse en nuestra contra, –mención especial para los móviles personales que se convierten en móviles de trabajo que viajan contigo a casa para que, de cuando en cuando y con mayor o menor disimulo, el mensaje de familiares o amigos para salir a tomar algo se intercale con las ‘urgentes’ cuestiones de la oficina–.
¿Y yo dónde me siento?
En ocasiones, sin embargo, es todo mucho más sencillo: no es que no estemos a gusto en nuestro espacio de trabajo, es que a veces hay quien llega y directamente no tiene sitio donde sentarse. O vuelve uno de vacaciones y de repente resulta que el sitio que tiene ahora está en las antípodas del que tenía, en todos los sentidos.
La importancia del espacio de trabajo
Todo eso y más es lo que durante décadas estuvo estudiando la compañía ‘Steelcase’, quien desarrolló un análisis pionero que se concentró en evaluar el grado de compromiso y de satisfacción de los trabajadores a escala mundial teniendo especialmente en cuenta cómo eran las condiciones de su entorno de trabajo y las posibilidades que tenían dentro de él. Es decir, analizaban cómo de comprometido con la empresa estaba un individuo en función de múltiples variables asociadas, sobre todo, a su espacio laboral. Por ejemplo: en función de si el empleado pasaba calor en la oficina pero tenía acceso al aire acondicionado para regularlo. O si su ordenador iba verdaderamente mal pero tenía la opción inmediata de tener un repuesto y la posibilidad también de llevarse uno portátil al propio trabajo.
De este modo, escapando a análisis clásicos centrados en aspectos recurrentes como el sueldo o el tipo de contrato de cada trabajador, –sin ser por ello menos importante–, lo que hicieron fue concluir que hay una marea de pequeños detalles, factores y circunstancias que también merman día a día la satisfacción y el compromiso de los trabajadores. Y sobre todo que, por esa razón, un espacio de trabajo adecuado influye positivamente en la satisfacción de los trabajadores.
Parece de Perogrullo, pero lo cierto es que los resultados del estudio prueban que las distintas empresas tienen aún mucho por hacer en este sentido pese a saber de buena tinta, –como también prueba el informe–, que cuanto más satisfecho está un trabajador más comprometido está con su trabajo.