Susana lleva solo siete meses viviendo en Zalla (Vizcaya) y nunca imaginó que se enfrentaría a una situación tan “desagradable”. Su hija de 18 años ha sido despedida del bar del Hogar del Jubilado de la localidad vizcaína, donde trabajaba, tras denunciar haber sufrido una agresión sexual por parte de un cliente. Cuando la joven contó lo que había pasado a su jefa y le mostró la orden de alejamiento, lejos de encontrar apoyo y consuelo, “comenzó a llamarla mentirosa y a decirle que la iba a despedir”, como finalmente así hizo, “al día siguiente por WhatsApp”, denuncian.
Hasta el pasado sábado esta madre no supo el infierno que vivía su hija en su puesto de trabajo, “ojalá me lo hubiese contado antes”, lamenta, pero ha dado el paso, “cuando se ha visto acorralada”, en el momento en el que el hombre comenzó a aporrear la puerta del bar para que le dejaran entrar. Al descubrir la identidad del individuo que estaba tras la agresión a su pequeña, esta madre se llevó “las manos a la cabeza”, porque “lamentablemente, es nuestro vecino que vive a solo tres portales de nuestra casa”.
La joven presentó una denuncia tras sufrir "tocamientos, acoso y comentarios obscenos" de forma continuada. Se celebró un juicio rápido y el hombre, de 48 años de edad, ha quedado en libertad con medidas cautelares. La “Fiscalía consideró que se trataba de un delito grave y solicitó una medida de protección”, en concreto, una orden de alejamiento. “Mi hija es solo una niña de 18 años, superinocente y lo está pasando bastante mal”, reconoce Susana.
La sorpresa llegó cuando tras regresar al trabajo, su jefa le comunicó su despido. “No tenemos la carta de despido, el local está cerrado, no le ha pagado y ella ha desaparecido de la faz de la tierra”, denuncia y advierte de que “vamos a seguir luchando”. De hecho, ya se plantean una concentración para el próximo 4 de marzo.
Esta madre insiste en que no pretenden criminalizar a todos los hombres, como les acusan algunas personas tras publicar en redes lo ocurrido, sino dar visibilidad a la agresión que ha sufrido su hija y trasladar el mensaje de que “no hay que tener miedo”. En este sentido, destaca la “valentía” de Naiara por denunciar y además, “hacerlo público en un pueblo, donde todos nos conocemos”.
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