La sentida carta de Rosario a los médicos que atendieron a su marido antes de fallecer: "Me han curado el alma"
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Una mujer de Sevilla escribe una carta de agradecimiento a los sanitarios que atendieron a su marido antes de fallecer en el Hospital Virgen del Rocío
Durante los seis meses de ingreso, asegura que se sintió protegida y sostenida por la dedicación y humanidad de todo el personal del centro sanitario
Con este mensaje, Rosario Cordón quiere rendir un emotivo homenaje a quienes considera que se han dejado la piel junto a su marido
"Al final, no pudo ser, a pesar de tanto empeño. A pesar de que tantas personas se dejaron la piel, de manera incuestionable, a pesar de haberse rozado lo imposible, no pudo ser...". Con estas entrañables palabras llenas de dolor y resignación comienza Rosario Cordón una carta dirigida al personal sanitario que, durante seis meses, trató de salvar la vida de su marido.
Francisco Cabrera tenía 75 años y varias dolencias que le llevaron a ingresar el pasado mes de junio en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Allí ha pasado sus últimos días junto a su hijo Paco y a su mujer, Charo. Horas eternas en UCI, diagnósticos, mejoras, caídas, quirófanos... "Yo he visto cómo se han partido la cara por mi padre", dice el hijo del fallecido.
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Porque en medio año encerrado entre las cuatro paredes de un hospital se llega a ver de todo y uno, después, es libre de quedarse con lo que quiera. Momentos malos. Momentos menos malos. Y en todos, allí, muy cerca, batas blancas y verdes que no se despegan ni un minuto del paciente y de su familia: "Se han desvivido", asegura.
Carta de agradecimiento
Rosario y Francisco, o Charo y Paco, como se hacen llamar, han decidido quedarse con lo bueno. El calor, la empatía y la dedicación que, en todo momento, sintieron. Primero, en la sexta planta del hospital y, más tarde, en la cuarta. Por eso, la viuda, quiere agradecer a todos aquellos que la sostuvieron en los peores momentos de su vida, que lo hicieran. Para ello. ha escrito una carta para todos, del primero al último:
"Después de unos durísimos meses de tratamiento y dos operaciones de corazón, a causa de una severa endocarditis, el que ha sido mi marido durante casi 40 años, ya no está. Se llamaba Francisco Cabrera Capitán. Siento la necesidad de expresar y compartir la experiencia vivida, en el entorno sanitario de la que temporalmente se convirtió en mi casa, y parte de los que allí trabajan, en mi familia: el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Más exactamente, las plantas 6ª Norte de Enfermedades Infecciosas y 4ª Sur de Cardiología, junto con la Unidad de Cuidados Intermedios de Cardiología. Sin olvidar, el impecable y complejo trabajo de los cirujanos que realizaron las intervenciones quirúrgicas, y la atención recibida en la UCI. La conexión establecida por parte de médicos, enfermeros, personal auxiliar, personal de limpieza, nutricionistas, psicólogos, fisioterapeutas, celadores y anestesistas con el enfermo y su entorno, nos han hecho percibir el nivel de sensibilidad y calidad humana que todos ellos poseen. Se entregan a fondo. Se te quedan dentro. Por cierto, los anestesistas, son los grandes olvidados. No podemos permitir eso. El hecho de que no los veamos, no implica que no seamos conscientes de que la vida del anestesiado está en sus manos y en su sabiduría, durante toda la operación. Gracias también a ellos. La crudeza de sentir que perdía a mi marido, ha estado mitigada por la fortuna de contar con el apoyo y el afecto de este lujo de personas. No se puede pedir más. Ellos no lo saben… Pero me han sostenido. Mientras a mi marido le iban curando el cuerpo con su profesionalidad, a mí, me iban curando el alma con su humanidad.
He visto en muchos ojos lágrimas de emoción mal disimuladas al contemplar y comunicar, tanto mejorías como empeoramientos. Ha sido un largo tiempo en el que pude apreciar, los duros momentos a los que tienen que enfrentarse, cada vez que comunican situaciones complicadas a los familiares. No son inmunes al dolor ajeno. No solemos reparar en ello, al estar inmersos en nuestro propio dolor, pero es algo a tener en cuenta, que habría que apreciar y valorar. Han sabido mantener la distancia justa para no perder la objetividad, imprescindible en su profesión, pero también han sabido entender que el trabajo bien hecho, no es incompatible con la cantidad de amor que se pone en él. He querido tomar suficiente tiempo y distancia para constatar que mis sensaciones, no son fruto de un arrebato de agradecimiento mientras vivía una etapa tan difícil, sino que, ya filtradas y asentadas, proceden de la serenidad y la calma. No escribo desde la emoción, que es fugaz. Escribo desde el sentimiento. Y ese, permanece. No se puede perder de vista que la Administración, ha de cuidar “Más y Mejor” a los que se van dejando cachitos de sí mismos por el camino, mientras nos curan. Porque, ¿de verdad la salud es lo primero? ¿Entonces? Sintámonos orgullosos de contar con personas tan valiosas velando por nuestra salud. Por mi parte, tienen todo mi respeto, mi admiración y mi agradecimiento. Ha sido un privilegio conocerlos. Rosario Cordón Puerto, viuda de Francisco Cabrera Capitán".
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