Seguro que los niños de los 70, los 80 y algunos de los 90 recuerdan una incómoda forma de tomar medicinas: los supositorios. En una época (sobre todo los años 70) fueron muy populares: el principio activo se absorbía rápidamente y su fabricación era barata y conocida.
Pero ahora es prácticamente imposible encontrar un medicamento en forma de supositorio. Apenas el diazepam de uso hospitalario para crisis de convulsiones, algunos antitérmicos que se venden con muchas restricciones y, eso sí, la glicerina que ayuda a combatir el estreñimiento y que no se considera una medicina.
Lo cierto es que hace ya más de 20 años que apenas son visibles en las estanterías de las farmacias. Miguel Ángel Hernández, coordinador del Grupo de Utilización de Fármacos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), explica que "la vía oral es la más estudiada y la más estándar: casi todos los pacientes reaccionan igual y se puede medir exactamente la cantidad de medicina que se administra". Esto no es así en la vía rectal -la del supositorio- y, además, al ser tan rápida la absorción se pueden provocar efectos adversos.
Sí, el supositorio está pensado para que sea introducido por la parte plana. Así, cuando el recto se contraiga al notar un cuerpo extraño, empujará la parte con punta hacia dentro y permitirá la correcta absorción del fármaco.
Lo cierto es que aún son muy populares los supositorios de glicerina. Son los que reblandecen las heces y ayudan a expulsarlas. Pero no están considerados un medicamento en sí, porque no se absorbe por la sangre, sino que tienen un efecto meramente local.
Poco más allá podemos encontrar en las boticas. Siguen existiendo los antitérmicos, que se administran cuando no se puede ingerir una pastilla o jarabe (por problemas de deglución, crisis de vómitos u otras afecciones), pero que están totalmente desaconsejados para niños menores de dos años y medio.
También existen anticonvulsivos, como el diazepam, que administrados en supositorio producen un efecto muy rápido y ayudan a frenar crisis graves.
Miguel Ángel Hernández aclara que los supositorios "están totalmente superados", y fueron tan populares en los años 70 "porque no había tanta evidencia científica sobre la mayor efectividad de las pastillas, ni sobre la contra indicación de utilizarlos por, precisamente, su efecto demasiado rápido". Toda una generación de niños los sufrió. Suerte que la medicina avanza.