Mauro, una historia digna de Hollywood sobre la mayor fuga de una prisión española: “Fue una auténtica caza”

Mikel Guerendiain ficciona un episodio histórico acontecido en mayo del 38, durante la Guerra Civil, cuando 800 presos se fugaron del penal de San Cristóbal
Ninguno de los presos tenía delitos de sangre, pero las condiciones de aquella cárcel y las convicciones políticas les llevaron hacia una huida suicida
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Mauro es un personaje de ficción, pero bien podría ser tu padre, tu abuelo, tu tío o el primo de un vecino porque la historia a la que da título ocurrió hace no tanto tiempo en España y daría para un guión de Hollywood. De momento, Mikel Guerendiain se ha encargado de contarla con un estilo personal y peculiar, trasladando a cada lector al Fuerte de San Cristóbal y sus alrededores en aquel mayo del 38.
Mikel, que se estrena como novelista con ‘Mauro’ (Pepitas), es profesor de geografía e historia de adolescentes a los que les suena muy lejana la Guerra Civil, pero que realmente no tienen que echar la vista atrás más que una generación (a lo sumo dos) para toparse con ella de bruces. Más aún en Navarra, donde transcurre el relato que Mikel escribió casi íntegramente en la Biblioteca General, a las afueras de Pamplona, y que acaba de ver la luz.
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Allí, en la biblioteca, era en el único lugar donde Guerendiain podía extraer información sobre un momento tan histórico como insuficientemente recordado como es la fuga del penal de San Cristóbal.
Una historia silenciada
“Soy licenciado en Historia, pero ni en primaria, ni en secundaria, ni en bachillerato, ni en la universidad se nos habló nunca de este momento tan importante en la Guerra Civil. Es una historia incluso silenciada para los propios navarros”, comenta Mikel, que también insiste en que su obra es ficción, aunque escrita desde el respeto y la rigurosidad: “Hay más imaginación que historia así que tal vez a los puristas de la historia de la fuga no les convenza, pero es lo que hay”.
De hecho, Mikel no llega hasta este episodio como historiador sino por sus propias vivencias. “En mi pueblo (Ciaurriz) varios de los fugados fueron asesinados. Nunca se ha sabido quiénes eran porque están en un campo que, con los años, ha sido trabajado y cultivado. Hasta hace poco pensaba que la Asociación de Memoria Histórica estaba al tanto y que algún día los exhumarían, pero no es posible hacerlo porque es imposible localizarlos por el trabajo agrícola que se ha hecho allí. Siempre me pregunté quiénes serían”.

Con estos mimbres echó a andar ‘Mauro’ para contar, de un modo ficcionado, cómo el 22 de mayo de 1938 tuvo lugar una de las fugas más impactantes de la historia de España y de Europa. “Siempre me dicen que si esta historia hubiera ocurrido en Estados Unidos habrían hecho docenas de películas, que Spielberg estaría detrás, pero aquí nos cuesta un poco reconciliarnos con nuestra propia historia”, comenta Mikel.
Todo ocurrió en el Fuerte de San Cristóbal, una prisión situada en la cima del monte Ezkaba, cerca de Pamplona. Este fuerte, construido en el siglo XIX como instalación militar, fue convertido en prisión durante la dictadura de Primo de Rivera y, posteriormente, se utilizó para recluir a presos republicanos tras el estallido de la Guerra Civil en 1936.
No ha entrado en El Fuerte
Hasta ahí, el contexto. A partir de ahí, pinceladas de imaginación de un Guerendiain que hasta ahora no ha querido ni visitar El Fuerte (no quería que le condicionara a la hora ficcionar) ni hablar con familiares de los que allí estuvieron. “En el penal había muy pocos intelectuales. La mayoría eran jornaleros, gente sin dinero, muy vinculada a partidos y sindicatos de izquierda. Por eso a mí me apetecía meter un personaje que fuera profesor de universidad y creé a Isidoro, que además es historiador. Él sí conocía la historia y advirtió al resto: ‘Esto es un nido de nacionales, van a venir a por vosotros’. Y efectivamente, fue una auténtica caza”, apunta.
Me apetecía meter un personaje que fuera profesor de universidad, que sí conocía la historia y advirtió al resto: ‘Esto es un nido de nacionales, van a venir a por vosotros’
La fuga se planificó muy bien y de forma muy discreta. “En el penal eran muy pocos los que sabían lo que iba a pasar, porque no podían correr el riesgo de que los infiltrados se enteraran. Muchos presos fueron avisados en el último momento. Algunos decidieron quedarse porque pensaron que era una locura, una aventura suicida y que les iban a matar”, narra Mikel.
“En el penal había 2.487 presos. Ninguno tenía delitos de sangre, porque si los hubieran tenido, ya los habrían fusilado mucho antes. Ni siquiera el organizador de la fuga, Leopoldo Pico, tenía delitos de sangre; solo había intentado volar un puente en julio del 36 para frenar el avance franquista”, continúa.
De esos casi 2.500 presos que vivían en uno de los penales más duros de España en unas condiciones inhumanas, casi 800 decidieron fugarse, “pero la mayoría no eran de Navarra ni del País Vasco así que no sabían dónde estaba Francia”.
“La ruta más corta hasta la frontera era de 50 kilómetros, pero había que recorrerlos de noche, con frío, sin apenas comida. Muchos, al ver la situación, decidieron dar la vuelta y regresar al penal. Se sabía que serían asesinados. De hecho, al menos 206 fueron ejecutados en la semana siguiente”, asegura un Mikel que ha estudiado aquel episodio a conciencia.
Muchos, al ver la situación, decidieron dar la vuelta y regresar al penal. Se sabía que serían asesinados
“De los que fueron capturados y devueltos al penal, 14 fueron sometidos a juicio —si es que se puede llamar así— y ejecutados por ser considerados organizadores de la fuga. Solo se tiene constancia, con nombres y apellidos, de tres personas que lograron llegar a Francia. Se sospecha que pudo haber un cuarto fugado que lo consiguió, pero no hay certeza”, añade.
Evitar el morbo
Y con una historia así entre manos, ¿por qué decidió Guerendiain no añadir fuentes más directas a su relato? “No quise hablar con dos vecinos de mi pueblo que aún viven y que eran niños cuando ocurrió la fuga. No por miedo a lo que pudieran contarme, sino porque sabía cuál iba a ser su respuesta: ‘Algo habrán hecho’. Son hijos de su tiempo. No soy quién para juzgar sus opiniones. Han vivido una vida muy dura y no quiero preguntarles por morbo”.
Cuando Mikel se puso manos a la obra con ‘Mauro’ sabía a lo que se exponía. “Es una época que me apasiona pero sabía que al escribir sobre ella me iban a dar por todos lados”, comenta para posteriormente añadir: “Creo que es más necesario que nunca hablar de estos temas, viendo lo que está pasando. Soy profesor y me preocupa el desconocimiento absoluto de la historia. Como no hagamos algo nos viene una sociedad de mamelucos. Cuando alguien me pregunta para qué sirve la historia, respondo: ‘El simple hecho de que me hagas esta pregunta demuestra que es más necesaria que nunca’”.
No seremos nosotros los que hagamos el más mínimo spoiler de ‘Mauro’, pero sí podemos adelantar que está escrito de un modo muy peculiar, que Mikel tuvo en mente desde el principio. “Vi clara la estructura y la manera en la que quería narrar: en primera persona, donde los protagonistas fueran perseguidores, perseguidos y personas de los diferentes pueblos y que todos narraran. Desde el principio, tuve claro que quería incluir un personaje como el cojo León, que me gusta mucho. Y ahora no sé si Mauro es el personaje más importante o el menos de toda la novela”.
Él, habiendo un profesor de por medio, no puede más que verse reflejado en él: “Me identifico con que sea historiador y con que sea un acojonado, porque yo también lo hubiera sido. No me habría lanzado al monte, no soy valiente. Y eso que las condiciones de este penal eran mucho peores que las del resto de cárceles de la época. Eso no era Alcatraz, allí la gente moría cada día. No les llegaba comida, el economato estaba muy mal organizado, el director y el administrador evadían dinero…”.
Me identifico con que sea historiador y con que sea un acojonado, porque yo también lo hubiera sido
Obviamente, en esas condiciones, poco o nada más hace falta para pensar en fugarse, pero la realidad y la historia habla de que los organizadores lo hicieron también por sus propias convicciones políticas: “Pensaban que si 200 ó 2.000 presos armados lograban escapar, podían cambiar el rumbo de la guerra. En mayo del 38, la situación ya se había complicado muchísimo. Navarra era un enclave trascendental, un punto de salida de muchas tropas. Pero pronto se dieron cuenta de que aquello no tenía sentido; no pudieron hacer nada", asevera Guerendiain, que para terminar no deja pasar la ocasión de mencionar que el título de la novela es un homenaje, pero no tiene nada que ver con los fugados. Mauro es el nombre del hijo mayor de Almudena Grandes, a la que idolatra: “Me parece una diosa y lo vi un detalle bonito”.